8 feb 2013

LECCIÓN 39


Mi santidad es mi salvación.

1. Si la culpabilidad es el infierno, ¿cuál es su opuesto? 
2  Al igual que el texto para el que este libro de ejercicios  fue  escrito,  las  ideas  que  se  usan  en  los  ejercicios  son  muy  simples,  muy  claras  y  están totalmente exentas de ambigüedad.  
3 No estamos interesados en proezas intelectuales ni en juegos de lógica. 
4 Estamos interesados únicamente en lo que es muy obvio, lo cual has pasado por alto en las nubes de complejidad en las que piensas que piensas.

2. Si la culpabilidad es el infierno, ¿cuál es su opuesto? 
2 Ésta, sin duda, no es una pregunta difícil.  
3 La vacilación que tal vez sientas al contestarla no se debe a la ambigüedad de la pregunta.  
4 Pero ¿crees acaso que la culpabilidad es el infierno? 
5 Si lo creyeses, verías de inmediato cuán directo y simple es el texto, y no necesitarías un libro de ejercicios en absoluto. 
6 Nadie necesita practicar para obtener lo que ya es suyo.

3. Hemos dicho ya que tu santidad es la salvación del mundo.  
2 ¿Y qué hay de tu propia salvación?  
3 No puedes dar lo que no tienes. 
4 Un salvador tiene que haberse salvado. 
5 ¿De qué otro modo, si no, podría enseñar lo que es la salvación?  
6 Los ejercicios de hoy van dirigidos a ti, en reconocimiento de que tu salvación es crucial para la salvación del mundo.  
7 A medida que apliques los ejercicios a tu mundo, el mundo entero se beneficiará.

4. Tu santidad es la respuesta a toda pregunta que jamás se haya hecho, se esté haciendo ahora o se haga en el futuro. 
2 Tu santidad significa el fin de la culpabilidad y, por ende, el fin del infierno. 
3 Tu santidad es la salvación del mundo, así como la tuya.  
4 ¿Cómo podrías tú -a quien le pertenece tu santidad- ser excluido de ella? 
5 Dios no conoce lo profano. 
6 ¿Sería posible que Él no conociese a Su Hijo?

5. Se te exhorta a que dediques cinco minutos completos a cada una de las cuatro sesiones de práctica más largas de hoy, y a que esas sesiones sean más frecuentes y de mayor duración. 
2 Si quieres exceder los requisitos mínimos, se recomienda que lleves a cabo más sesiones en vez de sesiones más largas, aunque sugerimos ambas cosas.

6.  Empieza las sesiones de práctica como de costumbre, repitiendo la idea de hoy para tus adentros.
2 Luego, con los ojos cerrados, explora tu mente en busca de pensamientos que no sean amorosos en cualquiera de las formas en que puedan presentarse: desasosiego, depresión, ira, miedo, preocupación, ataque, inseguridad, etc.  
3 No importa en qué forma se presenten, no son amorosos, y, por lo tanto, son temibles. 4De ellos, pues, es de los que necesitas salvarte.

7.  Todas las situaciones, personalidades o acontecimientos específicos que asocies con pensamientos no amorosos de cualquier clase constituyen sujetos apropiados para los ejercicios de hoy. 
2 Es  imperativo para tu salvación que los veas de otra manera. 
3 Impartirles tu bendición es lo que te salvará y lo que te dará la visión.

8. Lentamente, sin hacer una selección consciente y sin poner un énfasis indebido en ninguno en particular, escudriña tu mente en busca de todos aquellos pensamientos que se interponen entre tu salvación y tú.
2 Aplica la idea de hoy a cada uno de ellos de esta manera:
3 Mis pensamientos no amorosos acerca de _____ me mantienen en el infierno. 
4 Mi santidad es mi salvación.

9. Quizá estas sesiones de práctica te resulten más fáciles si las intercalas con varias sesiones cortas en las que simplemente repites muy despacio la idea de hoy varias veces en silencio.  
2 Te puede resultar útil asimismo incluir unos cuantos intervalos cortos en los que sencillamente te relajas y no pareces estar pensando en nada. 
3 Mantener la concentración es muy difícil al principio. 
4Sin embargo, se irá haciendo cada vez más fácil a medida que tu mente se vuelva más disciplinada y menos propensa a distraerse. 

10.  Entretanto, debes sentirte en libertad de introducir variedad en las sesiones de práctica en cualquier forma que te atraiga hacerlo. 
2 Mas no debes cambiar la idea en sí al variar el método de aplicación. 
3Sea cual sea la forma en que elijas usarla, la idea debe expresarse de tal manera que su significado sea el hecho de que tu santidad es tu salvación. 
4 Finaliza cada sesión de práctica repitiendo una vez más la idea en su forma original y añadiendo:
5 Si la culpabilidad es el infierno, ¿cuál es su opuesto?

11.  En las aplicaciones más cortas, que deben llevarse a cabo unas tres o cuatro veces por hora o incluso más si es posible, puedes hacerte a ti mismo esa pregunta o repetir la idea de hoy, pero preferiblemente ambas cosas. 
2 Si te asaltan tentaciones, una variación especialmente útil de la idea es:
3 Mi santidad es mi salvación de esto.


*******************************

"Si no te sintieses culpable no podrías atacar, pues la condenación es la raíz del ataque".

Y el ataque comienza con los que tenemos más ceca, con los más próximos y queridos; la pareja, el hijo, el compañero de trabajo, el amigo...

Pero: ¿quién está mas cerca?, ¿quién es el más querido?, ¿quién es el primero en recibir nuestro ataque?, ¿a quién le duele más nuestra incomodidad?.... A nosotros mismos.

En este ejercicio he tomado conciencia de que los pensamientos no amorosos provocan en mi incomodidad, me siento culpable, de lo que hice o de lo que dejé de hacer. Al revivir esos momentos no amorosos, reviví la culpa y volví a sentirme mal, dejé de sentirme en paz, y como consecuencia, no podía dar paz.

La frase "Mi santidad es mi salvación" ha sido una luz en el proceso de cambio de percepción. Mi santidad es la inocencia, nada puedo hacer con respecto a lo que sucedió, bendigo esos momentos y me libero de la culpa. Inmediatamente libero de la culpa a los demás, es evidente que tampoco podían hacer otra cosa, desde su posición, desde su "momento", hicieron lo mejor que supieron, como yo.

Puedo seguir sintiendo tristeza, pero ya no me siento culpable, ya no busco fuera, en los otros, la culpabilidad que me libere. Lo que sucedió apenas fue nada, el sentimiento que quedó impregnado en mi ha sido un infierno que me ha hecho vivir en el miedo.

Cuanta dicha desperdiciada, cuanta felicidad ahogada.

Mi santidad (mi inocencia), al igual que la tuya, que la vuestra, es el paraíso.




No hay comentarios :

Publicar un comentario