12 feb. 2013

LECCIÓN 43


Dios es mi Fuente. No puedo ver separado de Él.

1. La percepción no es un atributo de Dios. 
2 El ámbito de Dios es el del conocimiento. 
3 Sin embargo, Él ha creado al Espíritu Santo para que sirva de Mediador entre la percepción y el conocimiento.  
4 Sin este vínculo con Dios, la percepción habría reemplazado al conocimiento en tu mente para siempre. 
5 Gracias a  este vínculo con Dios, la percepción se transformará y se purificará en tal medida que te conducirá al conocimiento.
6 Ésa es su función tal como la ve el Espíritu Santo.  
7 Por lo tanto, ésa es en verdad su función.

2.  En Dios no puedes ver.
2 La percepción no tiene ninguna función en Dios, y no existe.  
3 Pero en la salvación, que es el proceso de erradicar lo que nunca fue, la percepción tiene un propósito sumamente importante. 
4 Habiéndola inventado el Hijo de Dios para un propósito no santo, tiene que convertirse ahora en el medio a través del cual se le restaura su santidad en su   conciencia.
5 La percepción no tiene significado.  
6 Sin embargo, el Espíritu Santo le otorga un significado muy parecido al de Dios.  
7 Una percepción que ha sanado se convierte en el medio por el que el Hijo de Dios perdona a su hermano, y, por ende, se perdona a sí mismo.

3. No puedes ver separado de Dios porque no puedes estar separado de Dios.  
2 Todo lo que haces, lo haces en Él, porque todo lo que piensas, lo piensas con Su Mente.  
3 Si la visión es real, y es real en la medida en que comparte el propósito del Espíritu Santo, entonces no puedes ver separado de Dios.

4. Hoy son necesarias tres sesiones de práctica de cinco minutos cada una. 
2 La primera debe hacerse lo más temprano que puedas; la segunda lo más tarde posible, y la tercera en el momento más oportuno y adecuado que las circunstancias y la buena disposición permitan. 
3 Al comienzo de estas sesiones repite la idea de hoy para tus adentros con los ojos cerrados. 
4 Luego mira a tú alrededor brevemente, aplicando la idea específicamente a lo que veas.  
5 Cuatro o cinco objetos durante esta fase de la sesión de práctica serán suficientes. 
6 Podrías decir, por ejemplo:
7 Dios es mi Fuente. 
8 No puedo ver este escritorio separado de Él. 
9 Dios es mi Fuente. 
10 No puedo ver ese cuadro separado de Él.

5. Si bien esta parte del ejercicio debe ser relativamente corta, asegúrate, en esta fase de la práctica, de seleccionar los objetos tan al azar como sea posible, sin controlar su inclusión o exclusión. 
2 Para la segunda fase, la más larga, cierra los ojos, repite la idea de hoy nuevamente, y luego deja que cualquier pensamiento pertinente que se te ocurra sea una aportación a la idea de hoy en tu propio estilo particular. 
3 Pensamientos tales como:
4 Veo a través de los ojos del perdón. 
5 Veo el mundo como un lugar bendito. 
6 El mundo me puede mostrar quién soy.
7 Veo mis propios pensamientos, que son como los de Dios. 
8 Cualquier pensamiento que en mayor o menor medida esté directamente relacionado con la idea de hoy es adecuado.  
9 Los pensamientos no tienen que tener una relación obvia con la idea, pero tampoco deben oponerse a ella.

6. Si ves que tu mente se distrae o si comienzas a notar la presencia de pensamientos que están en clara oposición a la idea de hoy, o si te resulta imposible pensar en algo, abre los ojos, repite la primera fase del ejercicio, y luego intenta de nuevo la segunda. 
2 No dejes transcurrir grandes lapsos de tiempo en los que te enfrascas en pensamientos irrelevantes.  
3 Para evitar eso, vuelve a la primera fase del ejercicio cuantas veces sea necesario.

7. Al aplicar la idea de hoy durante las sesiones de práctica más cortas, la forma de la idea puede variar de acuerdo con las circunstancias y situaciones en las que te encuentres en el transcurso del día.  
2 Cuando estés con otra persona, por ejemplo, trata de acordarte de decirle silenciosamente:
3 Dios es mi Fuente. 
4 No puedo verte separado de Él.
5 Esta variación puede aplicarse por igual tanto a desconocidos como a aquellas personas con las que crees tener una relación íntima. 
6 De hecho, evita a toda costa hacer distinciones de esta clase.

8.  La  idea  de  hoy  también  debe  aplicarse  en  el  transcurso  del  día  a  las  diversas  situaciones  y acontecimientos que puedan presentarse, especialmente a aquellos que de alguna forma parezcan afligirte.
2 A tal fin, aplica la idea de esta manera:
3 Dios es mi Fuente. 
4 No puedo ver esto separado de Él.

9. Si en ese momento no se presenta en tu conciencia ningún sujeto en particular, repite simplemente la idea en su forma original. 
2 Trata de no dejar pasar grandes lapsos de tiempo sin recordar la idea de hoy y, por ende, sin recordar tu función.

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Además de los ejercicios y la lectura del texto de UCDM, uno sigue viviendo en este mundo y pasan cosas. Desde este nuevo paradígma de "visión", todo adquiere un nuevo sentido, de manera natural, casi sin darnos cuenta, las cosas parecen ligarse unas a otras, las sincronicidades se suceden y los pensamientos, antes caóticos e incontrolados, surgen como respuesta a necesidades de entendimiento, como si surgiesen de un sitio más profundo. Un encuentro fortuito, una lectura al azar, una conversación o una sola palabra, hacen un "clic" en la cabeza y, como una revelación, algo que no entendiamos se hace evidente.

Sobre "la percepción y el conocimiento" surgió este texto de UCDM, que siempre estuvo ahí, que ya había leído varias veces, pero que hoy resonó en mi de manera especial.


Toda curación es una liberación del pasado. Por eso es por lo que el Espíritu Santo es el único Sanador. Él enseña que el pasado no existe, hecho éste que pertenece a la esfera del conocimiento, y que, por lo tanto, es imposible que nadie en el mundo sepa. Sería ciertamente imposible permanecer en el mundo gozando de tal conocimiento. Pues la mente que sabe eso a ciencia cierta, sabe también que vive en la eternidad, y no utiliza la percepción en absoluto. Por lo tanto, no se detiene a pensar dónde está, ya que el concepto "dónde" no significa nada para ella. Sabe que está en todas partes, de la misma manera en que lo tiene todo, y para siempre.

La diferencia palpable que existe entre la percepción y el conocimiento resulta muy evidente si consideras esto: no hay nada parcial con respecto al conocimiento. Cada uno de sus aspectos es total, y, por lo tanto, ningún aspecto está separado de otro. Tú eres un aspecto del conocimiento, al estar en la Mente de Dios, Quien te conoce. Todo conocimiento te pertenece, pues en ti reside todo conocimiento. La percepción, aun en su expresión más elevada, nunca es completa. lncluso la percepción del Espíritu Santo -la más perfecta que puede haber- no tiene significado en el Cielo. La percepción puede extenderse a todas partes bajo Su dirección, pues la visión de Cristo contempla todo en la luz. Pero no hay percepción; por muy santa que sea, que perdure eternamente.

La percepción perfecta pues, tiene muchos elementos en común con el conocimiento, haciendo que sea posible su transferencia a él. El último paso, no obstante, lo tiene que dar Dios porque el último paso de tu redención, que parece estar en el futuro, Dios lo dio ya en tu creación. La separación no ha interrumpido la creación. La creación no puede ser interrumpida. La separación no es más que una formulación equivocada de la realidad que no tiene consecuencia alguna. El milagro, que no tiene ninguna función en el Cielo, es necesario aquí. Todavía pueden verse aspectos de la realidad, los cuales reemplazarán a aspectos de la irrealidad. Los aspectos de la realidad se pueden ver en todo y en todas partes. Mas sólo Dios puede congregarlos a todos, al coronarlos cual uno solo con el don final de la eternidad.



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