17 feb. 2013

LECCIÓN 48


No hay nada que temer.

1. La idea de hoy afirma simplemente un hecho. 
2 No es un hecho para los que creen en ilusiones, mas las ilusiones no son hechos. 
3 En realidad no hay nada que temer. 
4 Esto es algo muy fácil de reconocer. 
5 Pero a los que quieren que las ilusiones sean verdad les es muy difícil reconocerlo.

2. Las sesiones de práctica de hoy serán muy cortas, muy simples y muy frecuentes. 
2 Repite sencillamente la idea tan a menudo como puedas.  
3 Puedes hacerlo con los ojos abiertos en cualquier momento o situación. 
4 Recomendamos enérgicamente, no obstante, que siempre que puedas cierres los ojos durante aproximadamente un minuto y repitas la idea lentamente para tus adentros varias veces.
5 Es especialmente importante también que la uses de inmediato si observas que algo perturba tu paz mental.

3.  La  presencia  del  miedo  es  señal  inequívoca  de  que  estás  confiando  en  tu  propia  fortaleza.  
2 La conciencia de que no hay nada que temer indica que en algún lugar de tu mente, aunque no necesariamente en un lugar que puedas reconocer, has recordado a Dios y has dejado que Su fortaleza ocupe el lugar de tu debilidad. 
3 En el instante en que estés dispuesto a hacer eso, ciertamente no habrá nada que temer.


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Soy una célula, existo separado de otras células, soy independiente, tengo necesidades físicas que debo atender para seguir sobreviviendo. Pero formo parte de un todo mayor, mi existencia no tiene sentido separada de las demás células que me rodean ni separado del propósito (un cuerpo mayor), que desde mi humilde percepción, soy incapaz de entender.

Como una célula de un cuerpo, recibo constantemente información del exterior de la membrana que me rodea, analizo los datos y reacciono en función de ellos para seguir manteniéndome "vivo".

Alejado del propósito, toda la información que recibo la percibo como un ataque, el medio es hostil y cualquier descuido de mi parte puede llevarme a la perdida de mi identidad, de mi estatus.

La nueva "visión" es una percepción más amplia de la realidad, todo cobra sentido aunque desde mi posición no pueda entenderlo.
No hay nada que temer, porque nunca estoy solo, porque lo que hacen los demás, las circunstancias y los acontecimientos, forman parte de ese mismo propósito.

No hay ninguna célula en el cuerpo que sobre, cada una cumple su función en su momento. Si yo fuese una célula encargada de regenerar la piel, por ejemplo, me parecería que otra célula, encargada de fagocitar el tejido infectado está haciendo lo contrario que yo, por lo que la percibiría como un enemigo, destruye todo aquello que yo defiendo. Pero visto desde el "propósito", su función es tan importante y necesaria como la mía, forma también parte de un todo mayor y cumple con su función.

Desde este punto de vista, desaparecen todos los juicios, su presencia no me intimida, no me causa trastorno. Si bien es cierto que en esta fase no puedo entender ciertos comportamientos, tengo la opción (libre albedrío) de percibir su proceder desde el punto de vista de la célula (el ego) o desde el punto de vista de la parte dentro de un todo mayor (Dios).

La primera opción me causa dolor, miedo, intranquilidad, ira... Mi proceder en ese estado se vuelve caótico y afecta a los que me rodean, a mis circunstancias, e interfieren en mi función, en mi "misión".
La segunda opción me centra, me permite fluir y sentir la paz de estar haciendo lo correcto. No hay nada que perdonar pues no hay pecado, no hay nada que juzgar pues no hay elección. No hay nada que temer pues nada es un ataque ni puede ser una pérdida, todo forma parte de la evolución.

Yo no lo se, pero es posible que esto sea el AMOR.





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